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En la ciudad de Basilea, en el año 1474, se dio un insólito caso de la condena a pena de muerte de un gallo. Fue atado y quemado vivo, tal atrocidad fue dada a que dicho gallo puso un huevo aun estando muerto. Encontraron tres huevos más en su interior, para este fenómeno en nuestros días hubiese sido para investigaciones y estudios, pero a finales del siglo XV era una abominación ya que se tenía la creencia que los huevos de gallo eran utilizados para brujerías.

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